Universidad Católica Boliviana "San Pablo"

- 192 - tomando en cuenta sus diferencias organizativas, vocación productiva y formas de articulación con el mercado. Esto sólo es posible si se devuelve al Estado responsabilidades como promotor del desarrollo agrario a través de la ejecución directa de inversiones públicas destinadas al establecimiento de estratégicos servicios como la investigación, innovación y transferencia de tecnología agropecuaria, la sanidad animal y vegetal, el crédito de fomento para la producción y la infraestructura rural, que actualmente se vinculan predominantemente a la iniciativa privada. Estos servicios de apoyo y fomento a la producción agraria son responsabilidades irrenunciables del Estado, cuyo tratamiento y ejecución requieren la concertación entre los actores públicos y privados vinculados al sector agrario. Es necesario dar cabida a un nuevo estilo de desarrollo agropecuario, donde se pone en primer lugar la calidad de vida de la familia rural, la conservación del medio ambiente en la producción agropecuaria, y la implementación de nuevas estrategias productivas que permitan obtener productos agroalimentarios de alta calidad. El desarrollo agropecuario debe contribuir a erradicar la pobreza, y en especial sus componentes alimentarios. Es vergonzoso que existan problemas de alimentación en América Latina, donde se generan enormes volúmenes de alimentos pero que se exportan hacia otros continentes. Por lo tanto, la producción alimentaría debe reorientarse en primer lugar a la erradicación la pobreza. Calidad de vida se debe volver a poner el objetivo de la producción agropecuaria en elevar la calidad de vida de la familia rural y la solidaridad comunitaria, y no en el volumen de dinero que se maneja. Muchos productores rurales se han convertido en empresas que administran enormes sumas de dinero pero sus márgenes de rentabilidad se han desplomado, y muchos otros

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