Universidad Católica Boliviana "San Pablo"
entrenamiento termina con una elongación. Los alumnos se desmayan sobre el piso negro del box. Están extenuados y, al mismo tiempo, excitados. Quieren un poco más. En todos los boxes hay lemas, como éste: “Sacá a la bestia que hay en vos”. ¿Por qué en los barrios hay un gym cada dos cuadras? ¿Por qué están llenos de gente? ¿Por qué a ésta hora, las tres de la tarde de un martes? El año pasado, al doctor en Ciencias Sociales y docente de la Universidad de Buenos Aires Alejandro Rodríguez lo inquietaron estas preguntas aparecidas durante sus caminatas por Buenos Aires. Así, el CrossFit se convirtió en uno de sus objetos de estudio y formó parte de su última tesis. Visitó varios boxes y fue delineando el perfil de quienes entrenan: jóvenes de entre 20 y 30 años en su mayoría, que viven en las grandes ciudades y que cuentan con dinero para pagar una cuota – el pase mensual es de $800 en promedio–, una alimentación saludable y la indumentaria que requiere la práctica. ¿Qué buscan ellos en esta disciplina? “Un proceso constante de conversión: cambiar el cuerpo y cambiar a la persona. Modifican su estilo de vida al punto de alterar la dieta, las horas de sueño, la intensidad del entrenamiento. Esto puede ser más fácil de observar en quienes estudian en la universidad. Ellos se fijan dos metas: recibirse en la carrera y también recibirse con su cuerpo. Elegir ese estilo de vida influye notablemente en sus relaciones al punto de rodearse de pares. Eso puede traerles algunos problemas, como que sus familiares y amigos no los entiendan”, responde Rodríguez. Es un proceso constante de conversión: del cuerpo y de la persona" En un rincón de Código CrossFit, un box de Villa Urquiza, una de las atletas del Samurai Team levanta peso. Debe pesar unos setenta kilos y la barra que intenta subir está cargada con más de noventa. Una vena ancha le corta el cuello. La atleta no puede verse porque aquí –como en todos los boxes– no hay espejos. El resto de los integrantes del grupo de elite la observa. Uno corrige la técnica pidiéndole que trabe los brazos mientras otro nota una mueca que tuerce la cara de la mujer. “Si te duele vas bien”, le dicen. Después la aplauden. En otro sector del box, los alumnos siguen el entrenamiento del día pero sin peso. Entre sentadillas y flexiones miran de reojo a los atletas. “Que no haya espejos refuerza la grupalidad y marca jerarquías: se destaca la figura del coach y se mira a los mejores. Y el
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