Universidad Católica Boliviana "San Pablo"
El aire está embotado y aunque a ese hombre lo rodeen unas diez personas, sólo están él, la barra y la voz. Levanta el peso con los brazos rígidos, dobla los codos, la barra queda a la altura de su pecho uno... dos segundos. Y la lleva arriba, bien arriba. Al final, pudo. En una de las paredes del lugar donde ese hombre se venció a sí mismo hay una leyenda que dice esto: “No entrenes con máquinas. Sé una máquina”. Aquel hombre de la barra es un alumno que entrena CrossFit y la voz es la de su coach. Ellos y el resto están en un lugar al que llaman “box” por su traducción en inglés: caja. El sitio es parecido a un gimnasio pero no hay aparatos ni televisores encendidos en canales de deportes. El piso está cubierto por una alfombra de caucho, áspera y dura. Con placas de madera clara revistieron las paredes, cada tanto interrumpidas por estantes donde se apilan colchonetas o se guardan pelotas y pesas. Es como una caja, por lo austero, porque está vacía. Así son todos los espacios donde se entrena CrossFit, una disciplina deportiva que nació en California, Estados Unidos, en 1995, y que está inspirada en el entrenamiento militar. En Argentina esta disciplina experimenta su boom. Sólo en la Ciudad hay 66 boxes –el doble que hace tres años–, una marca deportiva creó una línea de indumentaria y calzado exclusiva, y para el último mundial –que se realiza en Dallas– se anotaron dos mil argentinos. El fenómeno, sin embargo, trasciende el deporte porque lo que instaló es una cultura: la fuerza desplazó a la delgadez y es el nuevo atributo de belleza; la resistencia está planteada como un propósito de vida; y la superación –aún cuando duela o, mejor dicho, sobre todo cuando duele mucho– significa estar sano, saludable. La clase de CrossFit dura una hora y está organizada en una dinámica llamada work of the day que anotan en un pizarrón. Empieza con un calentamiento –trote, saltos–, sigue con burpees, wallballs y hand stand push, pulls up, toes to bar... anglicismos para referirse a los clásicos de la educación física: lagartijas, verticales, sentadillas, abdominales. En algunos boxes se suman elementos, como ruedas de camión, cajones y mazas. Los ejercicios están encadenados e incluyen repeticiones y descansos de no más de tres minutos. La voz del coach es la única que se escucha durante toda la práctica: “¡Vamos, vamos, vamos!”. El
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